Esmeralda
Huerga & Fierro, 2005
Selección de poemas
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1. La huida en 7 jardines La puerta del jardín 2. En el universo creativo La amenaza: el ojo resplandeciente de Dios
El bosque de los abedules |
![]() |
4. Hacia esmeralda Permanecer 5. Esmeralda En la frontera |
Niña en el jardín
Niña subió a los árboles,
en la morera recorre con los ojos
las gotas de la lluvia en las hojas rojas,
las lame frotándose en los troncos húmedos,
las colas de gusanos se apartan
y queda colgando su mano
entre las ramas y los verdes capullos,
sangre roja sobre las moras verdes.
Niña está en la mimosa y se pegan sus dedos,
arde la nariz dulce y agria,
todo el cuerpo va convirtiéndose en amarillo,
luego en lagartija que odia el sol,
queman las piedras y no se puede bajar.
Niña está en los pinos con las orugas,
las oye deslizarse por el tronco,
con ese ruido interior de miedo y asco.
En el centro de los nidos vivos están sus ojos.
Niña está en los lirios que golpean sus tobillos,
se pierde entre las duras raíces que se multiplican deprisa,
no puede salir de las rejas, de los gusanos, de los olores,
de los ojos, del sonido del calor abrasando.
Niña pone sus cosas en la ventana entre el cristal y la reja,
hay paz en algunos objetos que se pueden manipular.
Las rosas psicópatas no dejan ver lo que queda de su hermosura
y ella recoge lilas y escupe espinas.
Todo permanece vivo hasta el espejo.
La soledad de Niña está en el pozo junto al granado,
donde la infinita hiedra, la hierba y el hielo queman.
El ruido de los mirlos es también un pozo negro para su mirada,
como cuando vinieron los homeless y el miedo de Niña se encontró
con la muerte vestida de impermeable y la sangre sobre el granito.
Niña tiene el espejo en la mano.
Mi hermano y yo hemos decidido que se la comerán las flores carnívoras,
nos alejamos protegidos por las raíces de los lirios verdes,
lirios malvas y blancos, lirios que crecen deprisa,
como las hierbas y los arañazos, no como Niña.
El espejo y el sol hacen que todo prenda,
todo arde y resplandece junto al pozo mientras engordan las flores,
y la bruma dorada de la mañana nos deja un olor a almizcle.
Hormigas con alas
Han sido las hormigas,
volaban por el camino de los diez años,
las piernas amoratadas y mi hermano bromeando
de dolor para evitar el miedo.
Ayer cayó otra helada en mi memoria
y tras ella las organizaciones,
las industrias y sus proyectos
se disuelven bajo la suela de mis zapatos gorila .
Han levantado el vuelo las hormigas,
hoy recuerdo.
Qué voy a hacer contigo
si ya me estoy recuperando,
si estoy en paz con lo que soy,
si heredé la risa de mi hermano muerto
y he vuelto por ello a nacer.
Fiesta de cumpleaños con cuelga
Del patio con mesa de mármol,
soy columna y estoy clavada en el centro,
mis brazos se disparan hacia los geranios y las hortensias,
del jardín de los niños tristes con gorrito,
soy la hiedra y el espino ardiente.
Llueve sobre las piedras,
sobre los peces y los mirlos, llueve.
sobre los pecados de los años, llueve;
guirnalda de caramelos alrededor de mi cuello.
Niña despierta
La casa se abre plateada
sobre el silencioso acantilado.
Tras la tormenta de arena
los pájaros andan escarbando;
no tengas miedo de sus gestos,
juega en las ruinas de Persépolis,
hasta que tu cabeza ruede por los jardines colgantes.
Niña despierta junto a la fuente
una noche de ciervos en celo,
no va hacia las islas, ni busca los oasis,
está atenta al recorrido del rayo,
perdiéndose en el azul del acantilado.
Vamos a desvelar la conciencia del subsuelo,
buscaremos tesoros entre los numulites;
abre los ojos niña,
mira caer los fragmentos de la luna,
son tu cuerpo, lluvia de estrellas sobre el mar de esmeralda.
Amanece el silencio azul de una mañana joven.
El abanico y la muerte
Estoy en el ojo que despierta
y no temo a la muerte,
tengo un abanico.
Mi abanico crea dos mundos,
haz y envés,
es aire y cielo, crece y desaparece,
su velocidad es la vida.
Mi abanico aviva el espíritu de los muertos
y me hace vivir en un reino doble,
fríamente caluroso,
con él me extiendo hasta el horizonte
y él me disminuye hasta la verticalidad.
Estoy en tu reino,
habito lo que es doble,
soy yo y tú al aire del abanico,
vivo en la totalidad mientras lo agitas.
No soplan aires de entrega
y se respira mejor.
Dame el abanico que voy a morir.
Se ha cerrado mi corazón
Se ha cerrado mi corazón como una montaña
María Zambrano
Se ha cerrado mi corazón,
el pasado danza a mi alrededor todavía alegre,
juguetean los hilos de la memoria al son de la música
y sigue su baile la vida;
se ha cerrado la manzana de mi corazón.
Estoy en casa,
hablamos de filosofía
mientras la bóveda se pinta de grietas blancas,
-nadie parece darse cuenta-,
este edificio se está cayendo,
esta cueva que fue mi casa,
un patio, un jardín, una alameda, un nido, una rayuela;
no sé cuál es mi misión
y este edificio se está cayendo,
como mi corazón,
dentro de la montaña.
El encuentro
sin luz ni guía avanzaba por el camino de las metamorfosis
Alejandra Pizarnik
Camino por el cuarto mundo,
desde la pirámide al círculo.
Todo consiste en ir apilando
los nombres y sus sombras,
como castillos de naipes.
La oscuridad me impide ver los contornos,
la extensión de mi cuerpo,
sus posibles mutaciones.
Tú me has dado el poder de la acción .
No conozco su significado.
Toda acción tiene un significado .
Estoy perdida,
vivo sola, sé y no quiero intervenir.
Leo el arte del recogimiento,
el libro de las mil formas,
el de las alas invisibles de los dioses;
leo para no intervenir,
me entreno en el silencio,
en la sabiduría de la contemplación,
soy hacedora de quietud,
mi rostro tiene un aspecto sombrío
Caligrafías I
Pasaje I, de Cristina Iglesias
Estamos condenados a la melancolía,
lejos de los bosques, sin centro,
el tiempo nos lleva por caminos equivocados,
se anuncia la llegada de cavernas rocosas,
de celdas y cárceles.
Descanso en la cueva de las maravillas:
paredes de enredaderas, paredes vegetales,
plantas carnívoras ¡no toquéis la rosa!,
qué angosto es el camino, pero qué aromático,
qué dulce regalo el parpadear de las luces.
Volvemos a casa,
estos techos de cobre nos acogen,
el óxido rojizo, serpenteando por las secretas cavernas,
me abraza con su calor humano.
Estamos en la casa,
queremos estar encerrados,
deseo el centro y la quietud,
qué pequeño mi pequeño horizonte,
la luz entre los barrotes
como pájaro buscando claridad;
esta casa es mi casa, laberinto de estrellas,
celda de caligrafías imposibles e indescifrables.
En estos intrincados pasillos
hemos leído la historia de cómo morir,
el poema está escrito en la pared.
Una antorcha ilumina la escena.

Caligrafías I
Celosía VII, de Cristina Iglesias
El secreto está en las caligrafías,
el calígrafo escribe con el alma
la esencia de los significados;
guía su mano una destreza infinita.
Esta mujer busca lo colectivo,
un espacio inteligente donde reposar
y compartir los dones recibidos.
Estoy aquí entre las cosas sin nombre,
en celosías donde parpadea la luz
y la verdad se escribe en los perfiles,
estoy aquí y no me defiendo.
Busco lo colectivo para representarlo
sobre la tierra de los pueblos hospitalarios,
no sobre el rencor, ni decorados primorosos,
no sobre escarpadas rocas, selvas o parajes umbríos,
no en la babilonia de los mercados,
ni en el cambio de las estaciones.
Esta mujer mantiene el fuego de la palabra,
la caligrafía y la dicción,
el silencio de la conciencia,
el del momento posterior al ruido de la responsabilidad,
al estudio, a la reflexión y a la sabiduría.
Todo se debe a la evolución.