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Decide acercarse eternamente hermosa,
frágil bailarina de cristal.
Sigo con la mirada su danza hipnótica, seductora,
sé que no debo ceder a su cortejo sobrenatural,
a su mágica atracción o saldré herido,
siempre me pasa lo mismo con las hembras.
Ella lee mi pensamiento
y con dulzura estrecha el cerco a su antojo;
busco el roce de la presunta asesina
conocedor de las consecuencias,
el dolor implícito en el deseo y en la pasión.
Soy alérgico al amor y a las medusas.
Las emociones desvirtúan la razón
y me entrego ufano y turbado
por el deseo de respirar
hasta la embriaguez
el aroma de sus múltiples axilas.
Un calor intenso,
como jamás había conocido,
después un profundo escozor abrasivo
de parte a parte, de fuera a dentro.
Creo morir o estar cerca,
la bruja celestial me ha hecho suyo
y me ha inyectado el más tóxico de sus venenos.
No hay nada peor
que una medusa
despechada
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